La Decisión
Me resisto a abrir los ojos, a chequear la hora en el reloj digital que tengo sobre la mesita de luz. Acostumbro a despertarme a las cuatro de la madrugada y en el momento en que dirijo la vista al reloj, se terminan de disipar las últimas brumas de sueño entre las que intento sustraerme de la realidad. Hoy no es una excepción. Los números rojos me catapultan a una lucidez dolorosa, expectante. Una vez más he perdido al menos dos horas de sueño. Al no poder relajarme en la cama, aprovechar para seguir descansando el cuerpo, si no la mente, me incorporo de un salto y me pongo la bata. Arrastro las pantuflas hasta la cocina y enciendo la pava eléctrica. El micro sale recién a las siete, con lo que puedo volverme verde de tanto mate y hasta exacerbar mis rituales matutinos de aseo. Contemplo mi rostro en el espejo del baño antes de colocarme las anteojeras de gel que uso para desinflamar las bolsas de los ojos. Después me afeito y me peino cuidadosa, lentamente. Eli...