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Mostrando las entradas de enero, 2022

PASA

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  Pasa que la luz fría y lechosa de este otoño Que sabe a cosa última Te trae la imagen de aquel otro otoño Los vidrios sucios que a medias Refugian la imagen de los objetos desparramados En el patio antiguo, con piso de ladrillo El árbol que nunca supiste si era un roble o un gomero Tus manos frías y adoloridas Unas manos que no envejecieron Que no envejecerán, que morirán jóvenes Manos sucias del barro  Que es origen de todo Pasa que la memoria se arrepiente De lo que dejaste pasar Se avergüenza del miedo Se burla de aquella tonta certeza De que siempre habrá tiempo para recuperar Porque a cierta edad sos como inmortal No tiene que ser hoy, puede ser mañana Y entonces  Pasa que vuelven los mismos temores de entonces Temores que te recuerdan que el tiempo es circular Que el invierno no termina, sólo se retira al otro lado del mundo.

El blues del gato podrido

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Cuando era chico tenía la capacidad de reconstruir mentalmente cada pequeño detalle de lo que había hecho al menos en el último mes. Cuando no podía dormir, cosa que me pasaba demasiado a menudo, me quedaba muy quietito en la cama y armaba un inventario que comenzaba con el repaso de las cosas que había hecho ese mismo día, y continuaba hasta las más antiguas que mi memoria pudiera evocar. De esa manera desfilaban por mi cabeza los argumentos de las series de televisión de las cuales no me perdía ni un capítulo, la lista del almacén, conversaciones con amigos y familiares. Una tarde de fútbol en el potrero y el olor que despedían las astillas del banco de la escuela cuando grababa mi nombre con el punzón del compás. Cuando mi memoria comenzaba a flaquear, el recuento minucioso se transformaba en unas cuantas instantáneas de los hechos más significativos. Como un bosque que va desapareciendo, que le va cediendo terreno a un pantano; un bosque cuyos árboles, cada vez menos numerosos, más...

LAS PALOMAS (para Juan Carlos)

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                                                                                                                   Un día sofocante. La cara de la mujer barriendo el piso del patio bajo un cielo de color sucio, torcida por algo más que fatiga. El labio y la mandíbula inferiores proyectados hacia delante, tensos, dejaban ver sólo una hilera de dientes. Regularmente apartaba de sus ojos un persistente mechón de pelo reseco por la tintura. ¿Qué estás haciendo?, preguntó el hombre despertando de la siesta. Apareció por detrás de la cortina de la cocina. Jugando, ¿no ves?, respondió la mujer. No te esmeres demasiado que en cualquier momento se larga, explicó él, señalando con una mano tosca el cielo c...

Derivaciones de una fiesta descontrolada

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  Despierta sobresaltado, bañado en sudor. Olvidó bajar la persiana y el sol penetra implacable a través de la ventana del cuarto. Demora unos segundos en cargar el historial reciente. Cierto, hoy es el día dos del vigésimo noveno año de su vida. Dicho menos rebuscadamente, ayer fue su cumpleaños número veintinueve y recibió gente. El dolor de cabeza y el malestar estomacal, son la prueba fehaciente de que ha bebido demasiado; pero vamos, uno no cumple veintinueve años más que dos veces en la vida, tres con suerte, piensa y luego decide dejar a un lado los cálculos absurdos. Va hasta el baño, revuelve en el botiquín hasta dar con los antiácidos y el protector hepático. Extrae un comprimido de cada blíster y los traga con agua de la canilla. Entra a la ducha y permanece debajo de ella hasta que recupera de a poco la conciencia. Su casa parece un campo de batalla; botellas, copas y platos por el piso y encima de los muebles. Alguien volcó bebida sobre el escritorio francés, antiguo y...