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Mostrando las entradas de marzo, 2022

EL PORTERO (casi un poema)

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  estoy en el bar hace largo rato tomando Martini Dry con soda me aburrí de dar vueltas como el subnormal que soy a la espera inútil relojeando tu ventana y entonces me dije:   mejor voy y me tomo un trago   el hache de pe del portero me miraba mal de reojo y no tan de reojo   dudando en llamar o no al ciento uno para denunciar al sacado que está merodeando hace ya cuarenta minutos que trajina en círculos leoninos la vereda con una bolsa de facturas en la mano el papel blanco embebiéndose de grasa perdiendo inexorablemente toda esperanza toda compostura apretando una y otra vez el timbre (y los dientes) como un maníaco y nada siendo que era imposible que hubieras entrado en puntas de pie estando yo distraído siendo que el edificio tampoco cuenta con una entrada trasera ni pista de aterrizaje de helicópteros en la azotea   mientras que el hijo de puta del portero, que bien sabe quién soy yo (qué mierda no va a saber)   ponía cara de mi...

NUNCA MÁS

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Cuarenta y cinco años. Trabajaba en un negocio de ropa en la calle Corrientes y al mediodía, mi compañera y yo llevábamos la recaudación a la sucursal de Callao y de paso almorzábamos con otros compañeros en un bar de la estación de subte. La tradicional esquina del centro era un caos. Le preguntamos qué pasaba a uno de los muchos curiosos y nos contó que los milicos habían ido a "reventar" la sede del partido comunista que estaba llegando al Congreso. Que los de adentro estaban armados y resistieron hasta el final. Yo era chico y no entendía bien, mis sentimientos eran confusos. No imaginaba que esa mañana sangrienta inauguraba un periodo de siete años de muerte, de hambre, los años más oscuros de mi vida. Saltando de un trabajo miserable a otro aún más miserable, censurado, vigilado, sospechado, reducido a un estado semi larvario del que emergí siete años después, con la sensación de haber recuperado mi vida robada. Donde estaba el partido comunista, pusieron otra cosa, dur...

ALMOST Blue (fragmento de la novela El Aire entre la Cara y la Máscara, en proceso de edición)

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Si tu intención es que me vuelva loco por vos, te aseguro que vas por buen camino. Yo no tengo nada que ver. Vos ya estabas loco de antes. La abraza por detrás, hunde la cabeza entre su hombro y su cuello. Ella lo rechaza con suavidad, pero él la estrecha con más fuerza y le da un suave mordisco en el cuello. Ella da media vuelta, se pone en puntas de pie y le estampa en la boca uno de esos besos que quieren decir “dejá-de-romperme-las-pelotas” pero con onda. Pierde un poco el equilibrio dentro de esas pantuflas de jubilado que usa él, que parecen dos canoas. Si me seguís distrayendo vamos a terminar comiendo a las tres de la mañana, si no se quema antes. En el camino, de casualidad pasó por esa pescadería que está en la esquina de Ramón Falcón y… ¿cómo se llama la otra? Puta madre, ni se acuerda de los nombres de las calles… y compró mariscos para hacer una paella. Un mimo para él y   también para ella misma. Porque en lo de su madre no puede cocinar,   a esta mal lle...

La Hipótesis de la Navaja

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  Ese acontecimiento inesperado  que en general se representa  mediante una palabra  demasiado obscena,  pomposa y por demás inefable;  que no halla metáfora,  no al menos en la imagen  de un carrusel mágico  del que ningún padre o madre  te va a hacer bajar tarde o temprano,  donde no habrá ningún adulto que te diga  “ya está por hoy”,  y como si fuera poco,  cada rotación concluye  con la posesión de la sortija. Publicidad engañosa. Nadie  te cuenta de verdad cómo son las cosas.  No te advierten de lo que duele  un teléfono que no suena.  No te avisan que el regocijo y el desengaño  son cada uno de los filos de la misma navaja. Que el para siempre  puede durar sólo un segundo  y que al final no sólo te quedás sin nada:  Te quedás con menos que nada. Y ya nada será como era antes,  mientras te la pasás buscando  una metáfora que condense tanto ardor  y enton...

Una forma anacrónica de perpetuar la especie

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  Condujo su flamante auto durante más de una hora en dirección al sur, rumbo a esa ciudad costera de la cual conocía poco más que el nombre, por la que sólo había pasado de largo una docena de veces, en colectivo, cuando era chico e iba a pescar bagres en ese río marrón con olor a cloaca.  La calle estaba mal iluminada y él tuvo que bajarse del auto para mirar la numeración. Dos frentes más allá estaba la casa de ella, un ostentoso chalet de dos pisos. Quién le hubiera dicho que iba a recorrer semejante distancia para encontrarse con una mujer, que iba a acordar una cita con alguien que viviera fuera del radio de tres o cuatro kilómetros al que se reducía su universo. Pero era sábado y no tenía otro programa más interesante. En realidad carecía por completo de otros programas, interesantes o no. Le envió un mensaje notificándola de su arribo y unos minutos después su figura esbelta atravesó a trasluz el jardín y se dirigió en dirección al auto. Abrió la puerta, se sentó, lo s...

nadie me dijo nada

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    Las vueltas que tiene la vida. Qué te vas a imaginar que un encuentro casual puede ser tu pasaje al otro lado del mundo; o al revés, que un desencuentro, un malentendido, puede malograr el mejor de los destinos posibles. Un desvío del curso de unos pocos grados, a medida que vas avanzando, te aparta cada vez más de la trayectoria que la providencia había trazado para vos y cuando perdés el tren no hay a quién pedirle cuentas. Esto que te voy a contar, sucedió hace mucho tiempo; tanto, que parece que le hubiera pasado a otra persona. Sería el año ‘87, u ‘88, ahora me entró la duda, pero por ahí, ¿eh?... año más, año menos. Había preparado un repertorio bastante variado, le cambié las cuerdas a la guitarra, metí el shorcito y las ojotas en una mochila, y me tomé un ómnibus a la costa. Tocaba a la gorra en los chiringuitos de la playa, ese verano había mucho turista europeo. Me acuerdo de esa noche como si fuera hoy. Había dos chicas que estaban súper atentas al espectá...