La Hipótesis de la Navaja



 


Ese acontecimiento inesperado 

que en general se representa 

mediante una palabra 

demasiado obscena, 

pomposa y por demás inefable; 

que no halla metáfora, 

no al menos en la imagen 

de un carrusel mágico 

del que ningún padre o madre 

te va a hacer bajar tarde o temprano, 

donde no habrá ningún adulto que te diga 

“ya está por hoy”, 

y como si fuera poco, 

cada rotación concluye 

con la posesión de la sortija.


Publicidad engañosa.


Nadie  te cuenta de verdad cómo son las cosas. 

No te advierten de lo que duele 

un teléfono que no suena. 

No te avisan que el regocijo y el desengaño 

son cada uno de los filos de la misma navaja.

Que el para siempre 

puede durar sólo un segundo 

y que al final no sólo te quedás sin nada: 

Te quedás con menos que nada.

Y ya nada será como era antes, 

mientras te la pasás buscando 

una metáfora que condense tanto ardor 

y entonces optás por recurrir 

a la palabra pomposa, 

esa que intenta sin éxito nombrarla.


A menos, claro, que aceptes la hipótesis de la navaja.

 

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