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PERDIDO

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  A veces me pierdo Rectifico: Vivo perdiéndome Aunque lo más adecuado sería Decir que vivo extraviándome Pero ese verbo Casi que ni se usa En el lenguaje coloquial Salvo que seas una mascota Y tu amo se tome la molestia De imprimir unos carteles Con la intención de recuperarte A veces me pierdo En mi propio discurso En las autopistas En los brazos equivocados En callejones que no llevan a ningún lado Callejones sin salida Tengo un talento especial para perderme Para optar por la dirección incorrecta en las encrucijadas Pierdo las llaves Los colectivos Las oportunidades El hilo de mis pensamientos Llego a otros lugares que los que debía llegar Aún con la ayuda del GPS A veces me pierdo Aunque debería decir Que vivo perdido Naufragando de una isla a otra A cual más desierta Y aunque ande sobrado de papeles, Biromes y botellas (Por sobre todo botellas) Ya nadie se toma el trabajo de leer los mensajes De quienes andamos perdidos.  

¿No me convidan fuego?

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    Francisco decidió que la cosa ya no daba para más y se fue de la casa que compartía con Mel y Martincito, su esposa y su bebé de diez meses. Ya estaba harto de las eternas discusiones por plata, del olor a pañal cagado y de Mel, que entraba en pánico ante el primer berrido de la criatura. Por no hablar de su suegra, esa vieja entrometida que se ponía a opinar sin que nadie le preguntara nada por el derecho que, según ella, le confería la circunstancia de ser la dueña del departamento en el que Francisco y su familia vivían. Una noche en la que se dijeron de todo y hasta volaron platos, Francisco metió algo de ropa en un bolso y llamó a casa de sus padres para pedirles asilo. Sus padres, gente muy mayor y conservadora, lo recibieron de no muy buena gana y durante su corta estadía hicieron lo imposible por convencerlo de que intentara llegar a un arreglo con Mel, pero él se mantuvo en sus trece y sin demora se puso a buscar departamento. No pasó ni un mes hasta que consi...

Child in time (¿Dónde estabas cuando estalló la guerra?)

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Alejandro barrió con la mirada la desolación que lo rodeaba mientras descendía de a uno los tres o cuatro escalones que lo separaban del andén y forcejeaba con las valijas que se atascaban en la estrecha puerta del vagón. No había quien recibiera a los escasos pasajeros que arribaban ni quien despidiera a los que partían. Parecía como que la estación constituía el final de la red ferroviaria nacional, incluso que hasta el propio mundo concluía en ese confín austral.  Caminó en dirección a un tipo con una panza descomunal y un bigotito delgado bordeándole el labio, vestido de uniforme. Un guarda o un inspector. Eran las seis de la tarde y el sol empezaba a ocultarse en el horizonte, su luz enfermiza se filtraba entre las ramas de los árboles grises, desnudos, como en un cuadro de Bruegel. Alejandro tenía las manos tan entumecidas de frío que tuvo que mover los dedos para recuperar un poco la circulación. Después formó una especie de cuenco con ellas como si fuera a tomar agua, se cu...

EL PORTERO (casi un poema)

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  estoy en el bar hace largo rato tomando Martini Dry con soda me aburrí de dar vueltas como el subnormal que soy a la espera inútil relojeando tu ventana y entonces me dije:   mejor voy y me tomo un trago   el hache de pe del portero me miraba mal de reojo y no tan de reojo   dudando en llamar o no al ciento uno para denunciar al sacado que está merodeando hace ya cuarenta minutos que trajina en círculos leoninos la vereda con una bolsa de facturas en la mano el papel blanco embebiéndose de grasa perdiendo inexorablemente toda esperanza toda compostura apretando una y otra vez el timbre (y los dientes) como un maníaco y nada siendo que era imposible que hubieras entrado en puntas de pie estando yo distraído siendo que el edificio tampoco cuenta con una entrada trasera ni pista de aterrizaje de helicópteros en la azotea   mientras que el hijo de puta del portero, que bien sabe quién soy yo (qué mierda no va a saber)   ponía cara de mi...